La finalidad y estrategia política principal del presidente Mariano Rajoy es evitar que se hable de la financiación de los partidos políticos y especialmente del suyo. Para ello se refuerza el silencio institucional y el control mediático, se multiplica el fútbol y las actividades deportivas, se afirma que esas cosas son indemostrables y se proclama el fin de la tragedia económica insistiendo en que el crecimiento y el empleo ya están aquí, a la vuelta de la esquina. El proyecto de Presupuestos Generales del Estado para el 2014 no es tan radical como el objetivo proclamado, ni tan audaz como el ministro Montoro cuando anuncia todas esas cosas maravillosas que hacemos los españoles para asombrar al mundo. Pero el drama no cesa y merece explicación adicional.
Veamos. El escenario macroeconómico que fundamenta las cifras del proyecto mencionado estima que en el 2014 el consumo privado se estabiliza (0,2 %), el consumo público decrece (-2,9 %), aumentan las exportaciones (5,5 %), se mantiene la inversión (0,2 %), pero la demanda nacional volverá a ser negativa (-0,4 %, del PIB), lo que significa un daño al desempleo que oscilará en torno a 6 millones de personas. Pero, ¿son fiables estas cifras? Porque las magnitudes económicas y los intereses subyacentes pueden alterar, y alteran, el orden de las cosas, ridiculizando así su neutralidad y generando dolor, indignidad y desequilibrios excesivos. Este proyecto de presupuestos vuelve a reducir de forma objetiva y desigual las pensiones, las retribuciones de los trabajadores públicos y las prestaciones por desempleo, así como gran parte de los ingresos que reciben los trabajadores por cuenta propia y ajena. En total, más de 34 millones de personas, incluyendo en este colectivo a la población desanimada (5 millones) que no aparece en los registros públicos (estudiantes, emigrantes, sumergidos, amas de casa sin expectativas de trabajo). Como es fácil apreciar, tan solo una minoría decreciente de personas mantienen el tipo con ingresos razonables, junto a un grupo minúsculo que acumula rentas y patrimonios que ya se pueden calificar de obscenos. Pues bien, en esta estructura social tan indigna, la sobrina del ministro De Guindos (que acaba de dimitir) y la hija del ministro Arias Cañete fueron colocadas sin vergüenza alguna en altos cargos del sector público.
Por eso los Presupuestos para el 2014 seguirán ajustando los recursos y poniendo las cosas en su sitio. Se pagará otra vez la brutal cifra de 36.600 millones de euros por intereses de la deuda pública y por los rescates practicados a empresas, bancos y cajas. Los contribuyentes citados -que conforman la parte más débil de la sociedad- seguirán pagando y empobreciéndose sin que el Gobierno se digne en darles una explicación.