25 sep 2013 . Actualizado a las 07:00 h.
De lo que averigüen en Santiago el juez instructor y la policía judicial, y del proceso posterior, saldrá a la luz o un lamentable crimen o un horror casi inhumano, como el que solo se ve en las tragedias griegas o en casos como el de los niños de Córdoba. Si es lo que parece, esto sería Medea de Eurípides hecha realidad. La mítica mujer de Jasón acaba con sus hijos y culpa del crimen al padre. «Pero no los mató mi mano», se lamenta él. «No, sino tu ultraje». Es difícil de entender el castigo a la pareja en el cuerpo de los hijos, y más entre personas normales, de afectividad reconocida. Pero el mal, como escribió H. Arendt, anida en el fondo de los más normales de nosotros. Ojalá la Justicia elimine estas terribles dudas.