A veces los profetas llegan tarde


Dice Intermón Oxfam (IO) que en el año 2025 España podría tener 20 millones de pobres, y que, si tal adivinanza se cumple, el 80 % de los pobres de la UE podrían ser españoles. Pero, dado que la advertencia está hecha en modo condicional, tan sesuda admonición también puede enunciarse al revés, diciendo que en el año 2025 España podría tener menos de 20 millones de pobres, y que los pobres españoles de ese infausto año también podrían estar muy por debajo del 40 o del 20 % de los pobres de la UE. Así que, primera réplica, los informes o se hacen en serio y en tiempos de presente o futuro, o es mejor no hacerlos, porque así, lamentando decirlo, no sirven para nada.

Que se cumpla la profecía de IO o mi hipótesis solo depende de lo que hagamos nosotros y el Gobierno en los próximos diez años -en esto estamos de acuerdo IO y yo-. Pero también depende de lo que hagan los otros -que pueden ir a mejor o a peor-, salvo que los sabios de IO hayan calculado el tsunami de la pobreza prejuzgando que nosotros lo haremos muy mal y todos los demás lo harán muy bien. Y analizar así, lamento repetirlo, no es serio, o, como decíamos en la escuela de Forcarei, «no se vale».

Mi tercera discrepancia viene de la convicción de que en materia de trabajo, empleo, servicios y renta es mucho más fácil hacer profecías condicionales que hablar «por palabras de presente», y que es una pena que IO, que ahora se siente suficientemente informada para intervenir y advertirnos del cataclismo que se nos viene encima, y para recomendarnos simultanear expansión y austeridad -¡vaya lío!-, no se hubiese aplicado antes a advertirnos a todos de que la expansión nos estaba llevando al colapso, y no se hubiese dado cuenta de que esa advertencia le era tan necesaria a todos los ciudadanos, y a ellos mismos, como al Gobierno.

Así que, acostumbrado como estoy a participar en todos los debates, y a defender la prioridad de las intervenciones institucionales sobre las privadas, espero que me permitan aclararles que las profecías de IO me traen sin cuidado, además de suplicarles que no me coman crudo si les digo que me fío mucho más de Montoro y De Guindos, y de Draghi y Merkel, que de estos benefactores profesionales. Porque, si he optado por hablar de esto, en vez de callarme, es para denunciar este modo de profetizar -en el que a veces también incurre mi querida Cáritas-, y para oponerme a este sistema de opinión en el que todo parece tener más fiabilidad e interés que la política. Porque, a pesar de la que está cayendo, la política sigue siendo lo más fiable e imprescindible que hay, y porque, si nos echamos en manos de los fáciles profetas, que se parecen bastante a los falsos, podemos llegar no solo a los 20 millones de pobres, sino a los 40. Aunque esto que acabo de decirles suene mal y les parezca mentira.

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