La traca final

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

11 sep 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Hasta aquí llegaron las aguas de la corrupción: hasta la presidencia del Partido Socialista Obrero Español. A la actual y a la precedente. A los señores Chaves y Griñán. Un golpe en toda regla a la honorabilidad de personas que tuvieron altas funciones de gobierno en España y las máximas en Andalucía. Un golpe a todo el Partido Socialista, dicho sea con todas las prevenciones que exige la presunción de inocencia.

Ha ocurrido lo que por fuerza tenía que ocurrir: que el escándalo de los falsos ERE de Andalucía, ese jolgorio de millones entregados por capricho a amiguetes y militantes, con inclusión de alguna suegra y alguna juerga, no era trabajo clandestino de una consejería de la Junta. Era un fraude hecho a conciencia y con probable complicidad de los superiores, aunque hayan sido engañados por los administradores directos. No era lógico, como hemos apuntado cada vez que nos asomamos al tema, que ese impúdico tráfico de dinero se efectuase sin que los máximos responsables tuvieran un mínimo conocimiento y, desde luego, una mínima responsabilidad.

Sin esa responsabilidad superior no es posible hacer lo que la jueza describe en su auto: cobrar sobrecomisiones, hacer modificaciones presupuestarias, aprobar partidas fraudulentas o actuar con menosprecio de trámites y burla de controles administrativos. Los indicios de prevaricación y malversación son clarísimos. La petición de imputar a Chaves y a Griñán tiene el sonido de traca final de un caso que sigue asombrando por su descaro y por la facilidad con que se ha robado dinero público en una Administración pública de este país. Todos los aforados señalados por la jueza tienen que explicar al menos cómo y por qué consintieron tales desmanes. Ya no vale la respuesta fácil del «no lo sabía».

Y a todo esto, ¡qué delicadeza de la jueza Alaya! Según todas las apariencias, ha tenido el detalle de avisar a Griñán, de dejarle organizar su retirada de la presidencia de la Junta y de cerrar la sucesión. La necesidad de renovación invocada para designar a Susana Díaz ha resultado ser una pura necesidad de huir a galope de la Justicia. El discurso de la nueva presidenta contra la corrupción es una exigencia del guion para salvar la permanencia del PSOE en el Gobierno andaluz: se sacrifica la persona, pero se salva el comedor. Y al final tiene razón Soraya Sáenz de Santamaría: a Rubalcaba se le cayó el discurso ético a media mañana. Chaves y Griñán se convierten en el mejor escudo del PP frente a Bárcenas. Los grandes partidos ya tienen basura para echarse a la cara. Aquí solo pueden levantar la voz Cayo Lara y Rosa Díez. Justo los dos que suben en las encuestas. Justo los que apenas han tenido responsabilidades de poder.