No hace tantos años el dilema para muchos jóvenes en España era la carrera universitaria o la hormigonera. El camino hacia la licenciatura o el madrugón del sueldo inmediato. La FP era la hermana pobre de las opciones. El salvavidas que lanzaban desesperadamente los padres al hijo que no quería estudiar. Pero todo ha cambiado. Ya no se amasa el cemento con la misma alegría. Ni son buenos tiempos para la lírica de ciertas licenciaturas. Ahora hay colas en las oficinas de empleo y listas de espera en los ciclos de FP. Otro movimiento pendular de esta sociedad. Este, por cierto, le viene bien a Alemania. Ya está seleccionando ingenieros y arquitectos españoles a precio de saldo. Y este año ha aprobado una ley para facilitar la entrada de extranjeros con formación profesional. Pescará más peces en este río revuelto.