F átima Báñez, ministra de Empleo, ha vuelto de vacaciones en plan conciliador. La reforma de las pensiones será menos brutal de la que proponían los expertos convocados por el Gobierno. El factor de sostenibilidad será introducido en el sistema, pero con vaselina y sin precipitación. Y eso ya es algo. Los expertos han diseñado un mecanismo que, como las tijeras, consta de dos afiladas hojas de acero: el FEI y el FRA, para los amantes de las siglas. La primera recortará la pensión inicial en función del alargamiento de la esperanza de vida. Ahora la ministra dice que esa parte del factor no la aplicará hasta el 2019. Eche usted cuentas: si se jubila antes de cinco años, está de enhorabuena. La segunda pone fin a la revalorización automática de las pensiones de acuerdo con el incremento del coste de la vida. Todo dependerá de cómo evolucionen los ingresos y los gastos del sistema. Ahora la ministra dice que las pensiones nunca serán congeladas en términos nominales: crecerán como mínimo un 0,25 % anual. Y si las cosas de tesorería marchan extremadamente bien, subirán tanto como el IPC y una propina del 0,25 %. Cláusula suelo y cláusula techo, como en los bancos. Pero olvídense de la simetría: los pensionistas sufrirán una merma progesiva de poder adquisitivo, salvo que el empleo vuelva a florecer en los campos españoles. En todo caso, mucho menos nos daban los expertos.