El aviso de inminente bombardeo de misiles sobre objetivos militares sirios, sin la correspondiente autorización de la ONU, nos lleva a varias consideraciones. El organismo creado después de la Segunda Guerra Mundial ya no sirve para gestionar la paz mundial, porque el Consejo de Seguridad está dominado por las cinco potencias ganadoras de la guerra, con derecho a veto, enfrentados como durante la guerra fría. Son las grandes potencias militares, por un lado EE. UU., el Reino Unido y Francia, y por el otro, Rusia y China, todos con sus propios intereses.
La intervención en Siria parece que se trata de un nuevo Kosovo, desde el aire sin soldados en tierra. Pero Siria no es Serbia. Es un país musulmán estratégico entre el Este y el Oeste, y será apoyado por muchos musulmanes en todo el mundo, además de organizaciones como Hamás y Hezbolá, y un país tan potente como Irán. La Liga Árabe ya ha avisado que la intervención, sin la aprobación de la ONU, sería ilegal y podría afectar a la estabilidad de todo el Oriente Medio, además del comercio internacional del petróleo. Hay varias incógnitas, como cuál sería el papel de Israel, Egipto y Turquía. Por lo de pronto, las conversaciones de paz de Israel y los palestinos se han paralizado, y otra vez los muchachos palestinos se ven enfrentándose a los militares israelíes con piedras. ¿Es esto lo que busca la comunidad llamada internacional? Otro Irak, ¿a quién favorece?