24 ago 2013 . Actualizado a las 07:00 h.
No es la primera vez que una tragedia como la del 24 de julio en Santiago nos sorprende cerca. Ocurre y, como un disparo en el pecho, nos destroza el corazón. Hace aflorar la solidaridad, crecen los héroes, hay escenas de dolor, los políticos desembarcan para repartir pésames, se abre una causa en los juzgados, las viejas promesas dilatadas en el tiempo dejan de serlo, empiezan a pedirse responsabilidades, los afectados se unen para hacerse fuertes frente a las aseguradoras... El guión no suele variar. Mudan los actores, el desarrollo de la escena, pero el resto es lo mismo. Lo curioso es que, muchas veces, para que algo sea cuestionado, como ahora la seguridad en la Alta Velocidad, antes tiene que haber ocurrido una desgracia.