Pero, ¿en manos de quién estás, Alfredo?

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

Alfredo Pérez Rubalcaba es muchas cosas, pero nadie, ni sus adversarios más acérrimos, lo han tenido jamás por un inútil. Brillante orador parlamentario y hombre con capacidad de supervivencia demostrada, Rubalcaba, socialdemócrata sensato, no se dejó seducir nunca, ni aún cuando fue su vicepresidente, por el nefasto populismo radical de Zapatero, perversión del socialismo que tanto daño ha hecho a la causa de un PSOE con vocación mayoritaria.

Pero incluso los mejores políticos pueden perder el norte cuando se ponen en manos de un grupo asesor de aficionados, sin otra habilidad que su avidez desenfrenada de poder. Y eso es, me temo, lo que en el peor momento imaginable, le sucede a Rubalcaba: que su equipo de colaboradores está muy lejos del nivel mínimo exigible en los que aconsejan a quien lidera la oposición mayoritaria.

Esa gravísima situación, hoy sencillamente delirante, demuestra que nada hay peor para un político que estar sitiado por una guardia pretoriana de ínfima capacidad, pues ni ayudan al líder ni permiten que otros puedan intentarlo.

La rueda de prensa de Soraya Rodríguez proponiendo un nuevo mecanismo para lograr el cese del presidente del Gobierno es un puro disparate, pues o no añade nada a lo que ya puede hacer la oposición (tratar de que la mayoría del Congreso vote una moción exigiendo la dimisión de Rajoy) o lo que añade (pretender que esa reprobación obligue jurídicamente a irse al presidente) es un fraude de Constitución como una casa.

En cuanto a la insistencia de Óscar López en que el PP ha competido ilegalmente en elecciones durante veinte años por su presunta (y muy probable) financiación ilegal, se ve que el secretario de Organización socialista no es consciente de la extrema gravedad de lo que dice. Esa idea descabellada no puede conducir a otra conclusión lógica que la expresada previamente por el incomparable Cayo Lara: negar la legitimidad de la victoria electoral de los partidos que se han financiado de forma irregular, es decir, negársela, entre otros, a las del PSOE y el PP, afectados por escándalos de tal naturaleza. Si Óscar López quería ponerle en bandeja un argumento a todos los partidos antisistema que hoy amenazan seriamente la posición hegemónica de los dos grandes, no podría haberlo hecho mejor.

El PSOE se distinguió históricamente por tener un amplio entorno de intelectuales de gran capacidad (economistas, constitucionalistas, historiadores, politólogos) que contribuyeron a hacer de él un partido hegemónico, hasta que los golfos, primero, y los irresponsables, después, se apoderaron del negocio. Hoy está huérfano de inteligencia y, también por eso, aunque no solo por eso, desde luego, camina a paso de gigante hacia la marginalidad. Una desgracia para el PSOE y para el futuro del país.