Una predecible equivocación


En las horas posteriores al descarrilamiento, Francisco José Garzón, el maquinista, maldijo su suerte («¿por qué no estoy muerto yo?») y también a algún técnico. Dicen que dijo algo así: «Si pillo al de seguridad, lo mato». El último auto del juez Luis Aláez no mata, pero señala: imputa al responsable (o responsables) de seguridad de la vía. El escrito del magistrado deja dos cosas claras. Una: no hay una causa general sobre el sistema ferroviario español y su seguridad, que señalaría a altísimos cargos políticos de ayer y de hoy. Dos: lo sucedido a las 20.41 horas del 24 de julio no se puede cargar solo en quien llevaba los mandos. Aláez, en 11 páginas, da muchas claves. Esta es una: se tenía que haber tomado alguna medida extra de seguridad que salvase «aquella predecible equivocación». «Predecible». Es terrible saberlo ahora...

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Una predecible equivocación