Ganar tiempo parece la obsesión de algunos de los altos dirigentes del PP, mientras el goteo de datos que se van contrastando apunta cada vez con más claridad a unas prácticas en las cuentas del partido muy alejadas de lo que esos mismos dirigentes exigían a unos ciudadanos cada día más acosados por los sablazos a sus precarias economías con la excusa de la crisis.
Ganar tiempo. A ver si la prima de riesgo sigue bajando, se alivia un poco la soga al cuello de los pavorosos intereses de la creciente deuda, quedan un par de euros en caja para hacer alguna inversión que aminore los ecos de los recortes a la investigación, a la educación o a la sanidad, la economía crece alguna décima y todo junto puede hacer que quede en segundo plano el escándalo de las revelaciones del señor que cobraba un suculento sueldo de un partido al que dicen que no pertenecía.
Demasiado tiempo tratando de ganar cada pequeña escaramuza en el lodazal en que se ha convertido la arena política. Demasiado tiempo asegurando que incumplir un programa electoral era cumplir el deber de atajar una crisis heredada mientras en los despachos había cuantiosos movimientos de dinero de más que dudosa justificación.
Demasiado tiempo tratando de ganar tiempo, sin más operaciones de limpieza que, quizá, la de discos duros comprometedores. Demasiado tiempo retrasando cambios de los que ahora empieza a hablarse, pero que no servirán de nada si se limitan a un ajuste de cuentas que aparte a los de imagen más deteriorada. No afrontar la limpieza a fondo imprescindible equivaldrá a ganar asaltos pero perder el combate de la ya muy deteriorada confianza ciudadana.