Con apenas 600 vecinos, Chandrexa de Queixa es uno de los concellos más pequeños de Galicia. Hace seis años difícilmente cualquiera de sus habitantes podría explicar qué era una hipoteca subprime. Ni en Chandrexa, ni en Chamberí (Madrid), ni en Chelsea (Londres). Era algo salido de la cabeza de unos estrategas empotrados en unos rascacielos. Sin conocerlo, hoy en ese tranquilo concello del oriente ourensano sufren buena parte de sus consecuencias. De entrada, se han quedado sin oficinas bancarias. Tenían dos para elegir. No son casos únicos. Le llaman daños colaterales. Seis años después, las noticias para Chandrexa y para el resto del planeta siguen siendo inquietantes. El FMI pide una reducción de sueldos; la venta de pisos y la creación de empresas siguen en caída libre (a la misma velocidad que crecen los concursos de acreedores); la deuda sube; la prima baja; la recesión se mantiene... Y el banco central alemán filtra que Grecia necesitará otro rescate. Se ignora cuántos ciudadanos de Chandrexa han conocido Berlín o Atenas. No es necesario: padecerán en sus casas lo que allí se decida. Le llaman efecto mariposa. Y no hay manera de parar ese estropicio. Y mientras, otros ven brotes verdes...