Tiene que haber gente para todo. Quizá por ello yo no me cuento entre la inmensa mayoría mediática que le ha aconsejado a Rajoy comparecer ya en el Congreso y dar explicaciones sobre el caso Bárcenas. Porque creo que quienes han exigido su comparecencia, sobre todo en el ámbito político, lo que desean es darle ahora una pasada por la parrilla y luego abrasarlo con una próxima moción de censura.
Conozco personalmente al asesor presidencial Pedro Arriola (comí con él en dos ocasiones cuando Aznar desalojó a Felipe González) y me cuesta creer que haya sido el impulsor de la nueva estrategia de Rajoy y del PP. Porque Arriola, que no ambiciona ser otra cosa que lo que es, cree que en la política se puede perder de vista la cara del adversario, pero nunca la del ciudadano medio, al que hay que dirigirse con argumentos sólidos, sencillos y creíbles si se quiere estar en el poder («váyase, señor González», ¿recuerdan?). Y ese ciudadano medio creo que no estaba pidiendo a gritos esta comparecencia de Rajoy. La pedían sin descanso un urgido y descalabrado PSOE, una crecida UPyD y una outsider IU. Lo que el ciudadano medio quiere (y diré que probablemente, porque nunca se sabe) es que la Justicia ponga negro sobre blanco el caso Bárcenas y aledaños (ERE andaluces, etc.), y que dejemos de embadurnar diarios y ondas con opiniones tan contundentes como interesadas o débilmente fundadas.
Porque ¡claro que Rajoy tiene que dar explicaciones! Lo contrario ya no se le ocurre ni al que asó la manteca. Pero, ¿cuándo? ¿Y de qué? Las acusaciones de Bárcenas llevan camino de dispararse, en su legítima o ilegítima defensa. No imagino -ni me complace- ver al presidente respondiendo día tras día a nuevas acusaciones. Quizá suene extemporáneo. Pero Rajoy nos debe una verdad inatacable por los ácidos (es decir, por Bárcenas, por los periodistas que lo exprimen y por los adversarios que quieren sustituirlo). Porque el objetivo es salir del lodazal, no aumentarlo. La comparecencia debería producirse cuando sirviese para este fin, para no seguir envenenando el patio nacional y mejorar nuestra imagen internacional. Pero la suerte ya está echada. A ver.