Luto en el corazón de Galicia


El azar es un extraño demonio que en una simple décima de segundo lo transforma todo. Cuando el país se acicalaba para festejar su gran día, esa singular jornada mestiza entre la devoción y la nación, se cruzó en el camino una curva maldita que heló las entrañas de los gallegos de un solo soplo. El aleteo de la mariposa, en esta ocasión, nos escupió en plena cara la ventisca de su infierno. Eran las nueve de la noche y el descarrilamiento de un Alvia clavaba el crudo luto en el corazón de Galicia. Precisamente en la víspera del día de Santiago. Exactamente en Compostela. El azar, ese laberinto de imprevisibles encrucijadas, estaba agazapado en Angrois con su cuchillo de crueldad sin fin entre los dientes. En otra décima de segundo, la que recorrió la columna vertebral de los gallegos al recibir la devastadora noticia, el país se hundió en el silencio de norte a sur. Un silencio inmenso. De hondo y respetuoso dolor. Reverencial y noble. Como este país, que sabe llorar a sus muertos y plantar cara al horror. En Galicia, hoy, 25 de julio, ha caído el invierno sobre nuestros corazones.

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