La decisión aprobada ayer por Bruselas es absurda. El sector tiene que devolver unas ayudas fiscales permitidas por el Estado español. Por lo tanto, parece lógico pensar que los inversores afectados pondrán una demanda en los juzgados y la deuda se abonará de las arcas públicas. Es decir, entrará y saldrá dinero del mismo sitio. Absurdo. Pero lo más absurdo de todo es que sea la propia Comunidad Europea la que adopte medidas que perjudiquen y enfrenten a los países de la Unión. El enemigo está en Asia y allí las reglas de juego son otras, y respecto a ellas los dirigentes europeos no hacen nada. Es decir, la estrategia defendida por Almunia solo sirve para acabar con un sector estratégico y darle entrada a los competidores que hablan coreano.