La tienda de Angelines

Javier Guitián
Javier Guitián EN OCASIONES VEO GRELOS

OPINIÓN

En los últimos tiempos tengo problemas para valorar algunas noticias que se publican en los medios y que, en general, se plantean con un enfoque positivo; trataré de explicarme. Cuando leo que España está a la cabeza, a nivel mundial, en el número de donaciones de órganos, no tengo dudas sobre la bondad de la cuestión; sin embargo, tengo dificultades para valorar, por ejemplo, la noticia de que Castilla-León es la primera comunidad autónoma en el número de cabezas de ovino: ¿serán buenas tantas ovejas?, me pregunto en mi vigilia.

La cuestión viene a cuento del informe de la Asociación Española de Centros y Parques Comerciales, según el cual en Galicia se han creado en los últimos tres años más de doscientos mil metros cuadrados de centros comerciales. La cifra, asombrosa en plena crisis, supera con mucho la de las restantes comunidades autónomas, pero es todavía más sorprendente cuando se analiza de manera pormenorizada ya que, por ejemplo, en la ciudad de A Coruña se han abierto, en el citado período, cerca de noventa mil metros cuadrados más que en Madrid.

Estos datos, que para mi resultan disparatados, han sido publicados en la prensa como una especie de logro que no alcanzo a comprender. Mientras el comercio minorista esta sufriendo una crisis dramática de ingresos y empleo, que está llevando al cierre a muchos establecimientos, la apertura de nuevas grandes superficies comerciales es saludada con una extraña mezcla de júbilo y papanatismo infantil: han cerrado dieciocho mil comercios, pero en Galicia «los tenemos más grandes».

Según los datos recientemente publicados, el salario medio de los trabajadores gallegos es de mil cuatrocientos euros brutos al mes, lo que sitúa a Galicia como la tercera comunidad española con los sueldos más bajos. Si a eso añadimos el fuerte incremento en el número de parados en los últimos años, incluidos los pequeños comerciantes, no hace falta ser economista para ver que esos datos ponen de manifiesto una reducción en la capacidad de compra de las familias gallegas; alguien tiene que explicarme, aunque lo sospecho, por qué el suflé comercial sigue creciendo.

No soy un gran aficionado a las superficies comerciales, tienen pocas ventanas y la misma música que el dentista; prefiero la tienda de Angelines o la mueblería de José. Reconozco, sin embargo, que las grandes superficies tienen un papel en el comercio actual y gozan del beneplácito de muchos compradores. Ahora bien, una cosa es eso y otra que las distintas administraciones se pirren por abrir grandes superficies arruinando así a los pequeños comerciantes que han vivido siempre en su ciudad. Tal vez esta extraña situación tenga que ver con lo que escuché la pasada semana en una gran superficie comercial: «Ding, Dong, Se ruega a los responsables de comercio, recuperen su cerebro en la tercera planta».