Insultos y sardinas


Mauro Varela, José Luis Méndez, Julio Fernández Gayoso y José Luis Pego me han dicho el viernes desde el Parlamento: «Oiga usted, Eduardo Riestra, es usted tonto». No con estas palabras exactamente, pero con unas parecidas. Y la verdad, no sé qué les hice yo para que me insulten. A mí y a usted que me está leyendo. El político y el gestor son muy dados a insultar al ciudadano. Montoro el jueves me llamó idiota, por ejemplo. Se trataba de aclarar lo de la Agencia Tributaria -esa que usted tan bien conoce; o, mejor dicho, esa que tan bien lo conoce a usted- con la mujer de Urdangarin. Y hala, a insultar al ciudadano. Y la verdad, me hacen sentirme como un árbitro de fútbol. Si esos arrogantes gestores que incomprensiblemente han recibido una elevadísima gratificación por arruinar sus bancos -de los que por cierto habían estado cobrando mensualmente otra pequeña fortuna entre sueldos y, sobre todo, consejos de empresas participadas- hubieran trabajado para el sector privado, hace mucho tiempo que los hubieran puesto de patitas en la calle. Pero, queridos insultados, los que les preguntan en el Parlamento son, han sido, colaboradores necesarios. Nos les quepa a ustedes la menor duda. Por eso España no es uno de los nueve países democráticos que existen en el mundo. Pero no se depriman ustedes, que todo se andará. Nos cabe esperar que esta etapa sirva de catarsis para dejar a nuestros hijos un país más justo. O sea que vayan preparando la hoguera de esta noche y cómanse una sardina -a cinco euros- por un futuro mejor.

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