Caso Blesa o caso Elpidio

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

07 jun 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Sobre el nuevo caso Blesa, vamos a dejarnos de historias: si hay sospechas de desvío de cien millones de euros, la única salvación del banquero preso es justificar dónde están, en que sé han gastado, qué camino han seguido o si ha sido un puro apunte contable. Cien millones es mucho dinero. Es casi lo robado en los famosos ERE falsos de Andalucía. No se pueden haber esfumado, sino que tienen que estar en algún sitio, bolsillo privado o lugar de inversión. Los correos intercambiados entre Blesa y un antiguo directivo de Caja Madrid valen para todo: para creer que se trató de un fondo para previsión de riesgos o para sospechar cualquier tipo de desvío, incluida la apropiación.

Dicho eso, lo peor que podría pasar sería lo que ha ocurrido en otros casos: que un procedimiento judicial incorrecto termine por anular las actuaciones judiciales. Y eso puede haber empezado a suceder. En primer lugar, es muy discutible que se decida la prisión incondicional del imputado contra el criterio del fiscal. Es más: con una oposición radical del fiscal. Esto es insólito en las costumbres y en la lógica jurídica. El riesgo de fuga que alega el juez no es hoy mayor que cuando le impuso una fianza de 2,5 millones. La destrucción de pruebas, si se puede hacer, ya pudo ser efectuada en los veinte días que Blesa llevaba en libertad.

En segundo lugar, sorprende que se abra una causa separada y cómo se hizo: se hizo para evitar la recusación por «enemistad personal» que Blesa había presentado. ¿De verdad se puede diferenciar una enemistad personal solo en lo referido a Díaz Ferrán, al tiempo que existe neutralidad en todo lo demás? Esto tiene todo el aspecto de ser una triquiñuela jurídica para seguir con el caso. No es extraño que provoque la sospecha de intencionalidad en la instrucción, como si el juez Elpidio Silva le tuviera ganas al señor Blesa. Disculpe su señoría estos malos pensamientos, pero creo que son legítimos.

Y por último, la precipitación. Cuando don Elpidio decidió el primer envío de Blesa a la cárcel, está claro que no tenía todos los datos. Se agarró a la primera prueba que encontró y sobre ella montó las acusaciones, incluida la de apropiación indebida, con un auto contundente, pero con concesiones literarias que indicaban que el juez disfrutó con su novelesca redacción.

Sumados estos tres factores de oposición del fiscal, animosidad sospechada y precipitación, y añadiendo los expedientes que don Elpidio tiene abiertos por el Consejo del Poder Judicial, empiezo a temer lo peor: que el caso Blesa se convierta en el caso Elpidio. Sería lo más injusto, porque la gestión de Caja Madrid exige depurar muchas responsabilidades. Y los cien millones, sin aparecer.