A pesar de lo que muchos piensan, David William Donald Cameron, primer ministro de Inglaterra y líder de los tories, se ha convertido en el político más creíble y creído de Europa. Para fundamentar esta afirmación he revisado los pésimos resultados obtenidos por el Partido Conservador británico en las elecciones municipales del pasado 2 de mayo, en las que un partido que hasta ahora era puramente testimonial -el UKIP-, que el clarividente Ken Clarke caracterizó como «un grupo de payasos sin sentido político», se alzó con un 25 % de los votos. Y he llegado a la conclusión absolutamente firme de que, para lanzarse sin frenos por la cuesta abajo, los votantes del filofascista Nigel Farage, que a pesar de tener nombre de piloto de fórmula 1 es el líder del UKIP, siguieron al pie de la letra las sugerencias de Cameron.
Instalado siempre en la ambigüedad, y jugando con una eurofobia que en apariencia le favorece, David Cameron lleva ya mucho tiempo azuzando a los británicos contra la UE, dejándose querer por la idea de que solos y por libre se vive mejor, y de que las imperiales islas tendrían más oportunidades volviendo al Estado que manteniendo su adhesión a un Tratado de Roma que jamás debieran haber firmado. Y, haciéndole caso en todo, y fiándose ciegamente de lo que dice su primer ministro, muchos británicos votaron, como era lógico, a un partido nacionalista, antieuropeo y xenófobo, y dejaron el Partido Conservador para cuando se aclare y sepa lo que quiere de verdad.
La situación se refleja en otros países, entre ellos España, con extraordinaria exactitud. Artur Mas pidió los votos para una república independiente, surgida de una escisión unilateral, y muchos catalanes, obedientes y colaboradores, a los que Mas no les parece tan atabanado como es, votaron a ERC. Rubalcaba pide el voto para políticas alternativas, hechas al servicio de indignados y demagogos que no saben ni quieren saber de qué va, y puede acabar llenando las urnas de un voto coherente y socialista a favor de Cayo Lara, Rosa Díez, Bildu y ERC. El BNG interpretó la salida del bipartito como si el pueblo pidiese «lo siguiente» de su muy reseso proyecto de liberación colonial, y la gente se volcó con el asamblearismo de Beiras y con el futuro gobierno de las «camadas populares». Y Cameron pidió votos contra Europa y su espacio de libertades, y los ingleses se fueron con el UKIP, que para hacer esa tontería parece mucho más fiable y eficaz.
Y es que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Excepto cuando hace política, que es la actividad humana por antonomasia. Porque en ese caso tropieza en la misma piedra todas las veces que haga falta, hasta que es expulsado del paraíso. Es la historia -desgraciada- que siempre se repite.