Leído el barómetro del CIS, se pueden obtener varias conclusiones. Por ejemplo, el déficit de popularidad de la monarquía. O la cantidad de ciudadanos (más de la mitad) que no saben a quién votar o han decidido abstenerse. O la obviedad de que la inmensa mayoría de los ciudadanos consideran malas o muy malas las situaciones económica y política, y digo obviedad porque, para saber eso, no hace falta hacer una carísima encuesta. A lo que menos importancia le doy es a lo que destacan todos los medios: que el PP sigue ganando, aunque pierda, como el Betis, y el PSOE sigue cayendo. Dado que faltan dos años y medio para las urnas y en ese plazo puede ocurrir la recuperación o acercarse la catástrofe, cualquier valoración de la intención de voto es muy entretenida, pero estéril.
Lo realmente alarmante es el juicio que la sociedad española tiene de sus dirigentes. Se ve la lista de los líderes y ninguno obtiene el aprobado. Lo mismo ocurre con los ministros, todos suspensos. El jefe del Gobierno ocupa un humillante puesto número 10 entre las preferencias de los ciudadanos. Y, en cuanto a la confianza que inspiran los grandes, es para echarse a llorar: Rajoy inspira poca o ninguna al 85 % de los ciudadanos; en Rubalcaba se confía todavía menos: el 89 % tienen poca o ninguna confianza en él. Léanlo de otra forma: solo el 15 % de la sociedad confía algo o mucho en Mariano Rajoy; en Pérez Rubalcaba, solo el 11 %.
¿Cómo es posible esa situación? Si ambos son quienes representan a un mayor número de españoles, ¿por qué se desconfía tanto de ellos? Es señal inequívoca de que el presidente no solo no puede presentar resultados que la sociedad valore, sino que no ha encontrado un discurso convincente. Lo tiene que reflexionar. Rubalcaba también tiene que analizar por qué lo aventajan Cayo Lara o Rosa Díez. En el caso de Cayo, inferior intelectual y políticamente, es que conecta mejor con la sociedad desprotegida. En el de Rosa Díez tiene que ser por lo directo, claro y contundente de sus discursos.
Tengo la leve esperanza de que el bajísimo, mínimo, aprecio a Rajoy y Rubalcaba no sea verdad; que los entrevistados se han desahogado de esa forma, o que están tan indignados que le niegan la confianza a cualquiera que el CIS ponga en la lista. Tengo esa leve esperanza porque, si fuese cierto, lo más honrado que tendríamos que hacer hoy los comentaristas sería pedirles a ambos que se retiren; que dejen su puesto a otras personas y que sean los avanzados en propiciar una renovación de la clase política. Ni uno puede gobernar España sobre la confianza de una minoría tan minúscula, ni el otro puede aspirar a gobernarla si tan poca gente se fía de él.