Avales y dudas

Carlos Agulló Leal
Carlos Agulló EL CHAFLÁN

OPINIÓN

El desembarco de Pemex en Barreras es, seguramente, la tabla de salvación que el astillero vigués buscaba desde hace mucho tiempo. No solo porque le despeja el camino para construir el flotel cuando la formalización de los avales se le había puesto muy cuesta arriba. Sobre todo es importante porque entra en su accionariado con participación mayoritaria una de las principales petroleras del mundo, con unas necesidades de renovación y dotación de flota que moverán cifras multimillonarias y con posibilidades de abrir nuevos frentes para el negocio marítimo de Galicia.

Hasta ahí no parece que se pueda poner una pega a la intercesión del presidente Feijoo para buscar salidas al maltrecho sector naval gallego. Pero el negocio de la construcción de barcos tiene dos patas: la privada, en el sur, y la pública, en el norte. La alianza Pemex-Barreras desbloquea, de momento, la mitad meridional del compromiso adquirido en septiembre pasado entre la petrolera y los astilleros Barreras y Navantia, con el padrinazgo personal de Feijoo, para construir un flotel en Vigo y otro en Ferrol.

Dice el presidente que no tiene dudas de que el barco anunciado para el astillero ferrolano se va a hacer, porque Pemex «cumple sus compromisos». Pero, claro, seguro que el jefe del Gobierno comprende las suspicacias que en este momento inundan las gradas y talleres de la ría ferrolana. No solo porque el pasado está repleto de promesas, y los acuerdos con Pemex, plagados de secretos y de obstáculos. También porque se dice ahora que la compra de Barreras permite a Pemex adjudicar al astillero sin pasar por concurso público. Y, que se sepa, no compró Navantia.