Galicia deconstruida


Utilizo el término acuñado por el filósofo francés Derrida para aproximarme a la nueva imagen, a la deriva, y nunca mejor dicho, del tejido empresarial gallego en esta etapa histórica definida por la expresión coloquial «tiramos con todo».

La alarma social salta todos los días desde las primeras páginas de este diario; la destrucción de empresas y corporaciones, la deconstrucción del país, comienza a ser preocupante.

Nos estamos convirtiendo en el páramo gallego, en el desierto de los grelos, en un territorio de toxos e flores, destinado, castigado, a no levantar cabeza.

El sobresalto causado por la entrada de Pescanova en concurso de acreedores pone al buque insignia empresarial, orgullo de todos los gallegos, a navegar al garete, y coloca a la intemperie el temor de miles de trabajadores a engrosar las listas del paro, donde ya no caben más desempleados.

Las empresas privadas no pueden hacer lo que les pete, las compañías radicadas en Galicia forman parte del patrimonio empresarial gallego, y con ello se pierde el significado original de la palabra privado.

El mismo día fue Caramelo quien siguió la senda de la compañía viguesa, y emuló a Pescanova en su llamada a los juzgados. Caramelo formaba parte de la política industrial de la Galicia emergente que en los años ochenta y noventa deslumbró a todo el sector textil español con las firmas del «feito en Galicia», de aquel afortunado eslogan que presentaba a modelos desfilando por una pasarela mientras una voz en off preguntaba: «¿Italiano?», y la respuesta era: «No, gallego».

El desarrollo del textil fue espectacular. Ourense, Lalín, Coruña, o, lo que es lo mismo, Adolfo Domínguez, Purificación García, Roberto Verino, Florentino, Montoto, Caramelo, Etiem, Kina Fernández, o mi admirado Antonio Pernas y su tribu? La sombra omnipresente del gran carballo de Inditex, la marca Galicia como faro y guía, y los que han cerrado, que se quedaron en el camino, la oferta de vanguardia del textil de Vigo, Unicén que no sobrevivió a la reconversión, Toypes? que se lo llevó la riada de la caída del consumo.

El textil en la Galicia deconstruida está tocado, pero resiste los embates de la crisis buscando mercados exteriores mientas jóvenes diseñadores intentan la aventura de emprender a caballo entre la artesanía y la industria.

No es un suma y sigue de los siete males que sufre nuestra economía. Quizás suceda que los gallegos no nos sabemos vender bien, pero estoy seguro de que podemos evitar colocar el cartel de «se vende». Galicia está en oferta, pero aún no en almoneda.

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