De manera periódica, el país más cerrado del mundo, Corea del Norte, salta a los titulares por las bravuconadas de sus líderes. Cuando no realizan pruebas nucleares de éxito dudoso, lanzan discursos amenazantes contra sus hermanos del sur por llevar a cabo maniobras militares con el poderoso aliado norteamericano. Hasta hace poco, Corea del Norte se sentía respaldado por China y Rusia, pero, tras la subida de tono en sus amenazas y la última declaración de guerra por Kim Jong?un, hasta estos países han dado marcha atrás en su apoyo advirtiendo seriamente a su protegido sobre las consecuencias de una posible escalada en la violencia.
De manera general, los enardecidos discursos y las arengas patrióticas, así como las amenazas contra los enemigos tradicionales de las dictaduras, deben leerse en clave interna. Con una población de unos 24 millones de habitantes, Corea del Norte tiene un Ejército en activo de 1,2 millones de militares, la única forma que los ciudadanos tienen para obtener algo de comida. Aunque la opacidad del régimen no permite aseverar como ciertos los datos que manejan las organizaciones internacionales, se estima que uno de cada tres niños sufre de malnutrición, un 90 % de la los norcoreanos viven por debajo del umbral de la pobreza, y aun cuando el suministro de alimentos ha mejorado tras las grandes hambrunas de los últimos años, la falta de recursos económicos impide que la mayoría de las familias accedan a ellos.
El recurso a una amenaza exterior es una buena manera para mantener a la población en estado de emergencia y subyugada. Y aunque la subida de tono es preocupante no podemos saber si esta vez el lobo viene de verdad o no.