Hay años en que uno no está para nada, decía Julio Camba, y lo mismo podría decir su paisano Mariano Rajoy. Tiene todo el poder, pero no le dejan disfrutarlo. Levantarse cada mañana es un sobresalto. Cuando no encuentra en los papeles algo nuevo de Bárcenas, tropieza con los trajes de Camps, que van a ser revisados por el Supremo, o con las andanzas de Fabra, a quien hace tiempo que no le toca la lotería, pero le van a tocar los jueces. Y ayer, la sorpresa de Ruz: imputa también al antiguo tesorero del partido, el terrateniente Ángel Sanchís. Esto es un calvario que ni el propio Rajoy puede explicar.
¿Qué tipo de designio maléfico hace que casi todos los tesoreros del PP, con la honradísima excepción de Romay Beccaría, estén o hayan estado imputados por la Justicia? ¿Se preocuparon durante su mandato de cuidar más su fortuna personal que la del partido que administraban? ¿Hicieron esa gran fortuna con transparencia o con malas artes? ¿Supieron separar debidamente sus cuentas corrientes de la contabilidad del PP? ¿Resisten una inspección fiscal o la instrucción de un juez? Esas son las preguntas que están en el ambiente.
La imputación de Sanchís no implica nada en la financiación, legal o ilegal. Si el juez lo llama como imputado es por haber ayudado a Bárcenas a blanquear dinero. A mí solo me sirve para admirar lo bien que se entienden estos chicos: se entienden y se auxilian en la colocación de sus ahorros, se echan una mano para traspasar fronteras y hasta se hacen préstamos entre sí. Parece que el partido les ha proporcionado una envidiable cultura económica, una sabiduría de inversión que ya quisieran muchos emprendedores y una encomiable solidaridad entre ellos. Se le podría llamar «solidaridad PP». La unidad que han preconizado Fraga, Aznar y Rajoy empieza por la caja fuerte.
Y en este punto, una llamada al señor Rajoy: ¿de quién huye usted, presidente? Ángel Sanchís ha sido tesorero cuando usted hacía política en Galicia. Quizá no llegó ni a conocerlo. La imputación de Ruz se refiere a una pecaminosa relación con Bárcenas. Los demás episodios investigados tampoco se han producido durante su etapa de líder del PP. Y fue usted, no otra persona, quien rompió vínculos con los aprovechados de Gürtel. Si alguien puede tirar de la manta y terminar con esa imagen de PP corrupto, es Rajoy. Por eso no entiendo por qué se refugia en el silencio; por qué se resigna a que le llamen mudo, por llevar dos meses sin reunir al comité ejecutivo. Es prudencia, lo sé. Pero prudencia peligrosa. Mientras usted la practica, esos silencios, esa cautela y la imputación de tesoreros hacen que siga creciendo la idea de que el Partido Popular no sabe defenderse de la corrupción.