Trabajadores sí son. No sé de dónde sacan tanto tiempo ni tantas fuerzas. La leyenda sevillana, por ejemplo, cuenta que doña Mercedes Alaya, que instruye el caso de los ERE, se pasó toda la noche del jueves al viernes redactando un auto de prisión, después de los interrogatorios del día anterior, y uno había durado siete horas. Después descansó un rato y la volvimos a ver en su paseíllo hacia el juzgado, con aire serio y solemne y, como diría un cronista antiguo, no exento de sensualidad.
Lejos de allí, en Madrid, hay un magistrado que se apellida Gómez Bermúdez, que alcanzó renombre por el juicio del 11-M, pero dividió en dos la opinión publicada: a un lado, quienes lo apalean por no haber aceptado la tesis de la conspiración, y al otro quienes lo ensalzan por no haber aceptado la tesis de la conspiración. Ahora es un sufridor porque no le dejan demostrar su capacidad de trabajo con Bárcenas y redacta autos sin parar, dirigidos a su competidor Pablo Ruz y al fiscal anticorrupción. Ignoro si tiene razón, pero es la tenacidad y el afán laboral en persona.
Cierra el relato don Pablo Ruz, que en la misma mañana intenta interrogar a dos tesoreros del PP, soporta una peineta de Bárcenas y redacta otro auto que dará mucho que hablar: gracias a él sabemos que existen cuatro indicios de vínculos entre los dineros de Gürtel y la financiación del partido. A mí, que tanto me cuesta escribir malamente un folio, me asombran los jueces que se calzan en tiempo récord escritos de decenas de folios, llenos de aportaciones documentales, citas de artículos de leyes y otras sabias referencias. Son un prodigio.
Todo tiene su otra cara. La jueza Alaya, a pesar de haber estado enferma, dicen que rechazó que le enviaran dos jueces de apoyo para acelerar la instrucción de los ERE, como diciendo «dejadme sola». Y los de Madrid pelean por quedarse con la instrucción de Bárcenas, en un espectáculo que bien pudiera titularse «yo la vi primero». Seguramente ambos tienen serias razones para la reclamación. Ruz, porque, en efecto, la vio primero y ya estaba trabajando en ella. Bermúdez, porque le cayó la denuncia de Izquierda Unida y considera que es diferente del tema Gürtel.
Lo sorprendente es que no haya una autoridad que decida de una vez quién es el competente. Si formalmente no se ha planteado conflicto de competencias, sí lo hay en la práctica y está escandalizando al país. Y, si se suma su ejemplo al de la voluntaria soledad de Alaya, corren el riesgo de deteriorar su magnífica labor, que lo es, y dejan una duda en la sociedad: dónde está la frontera entre justicia y protagonismo de la Justicia; si buscan la verdad judicial o su gloria profesional. Y no tenemos un Garzón para responder.