USC, tenemos un problema


La Universidade de Santiago, como otras, está atravesando una etapa convulsa, más allá de que sus presupuestos o la programación plurianual hayan sido rechazados por el claustro; los recientes incidentes en su última reunión y las protestas de diferentes colectivos así lo ponen de manifiesto. Creo que la situación merece un análisis objetivo, dejando mi opinión personal para el final.

Numerosos profesores han visto rescindidos sus contratos después de más de treinta años de servicio, aunque los jueces empiezan a poner las cosas en su sitio, y la política seguida con los investigadores Parga Pondal, o con las nuevas plazas, recuerda el ritmo de la yenka: unos días contratan a Parga y otros despiden a Pondal. En determinadas áreas se han eliminado profesores asociados, fundamentales en algunas materias con docencia vinculada a la práctica profesional y, en el día a día, existen limitaciones para que los docentes hagan fotocopias, envíen cartas o accedan a determinadas revistas científicas; además, se han suprimido las salidas con los alumnos en muchas materias en que esto resulta clave.

Las dimisiones de cargos de responsabilidad se han sucedido con sorprendente periodicidad y creo que existe unanimidad en que el deterioro de la imagen es creciente, y el desánimo, preocupante; es vox populi que la implantación del plan Bolonia ha sido un fiasco y que los recortes en los fondos destinados a investigación nos llevarán a un panorama desolador. No niego que hay cosas que funcionan, pero, en mi opinión, esto se debe al compromiso de sus trabajadores y no a cuestiones relacionadas con el actual gobierno.

Esto, que alarmaría a cualquier responsable universitario -y las dimisiones dan fe de que así es-, se aborda desde la perspectiva de la supervivencia pensando que cerrar los centros unos días o empeorar las condiciones del personal de administración cambiará la situación. Por supuesto, la Consellería de Educación, cuya única prioridad conocida es darse cabezazos contra el gallego, no ha planteado absolutamente nada, más allá de recortar los fondos.

Si por algo se ha caracterizado la USC en los últimos tiempos es por su presencia en los medios y no precisamente con noticias de ciencia. Si una institución dedicada a la docencia y la investigación empieza a ser conocida más por sus conflictos que por sus logros, es evidente que tiene un problema. Pero la Universidade de Santiago tiene un acreditado cuerpo de profesores e investigadores a la vez que un eficiente personal de administración y servicios; solo falta trazar el rumbo de la institución con criterio y defenderlo sin complejos.

Y ahora les daré mi opinión. No es cierto que la Universidad esté al margen de los recortes, quien lo diga miente; lo que ocurre es que cuando estos se hacen sin rigor, sin liderazgo y sin ideas, todo tiende a empeorar. Seguir así, esperando a ver si escampa, es tan absurdo como pensar que las cosas se arreglarán con un ERE en la tuna.

Autor Javier Guitián Catedrático de Botánica, Universidade de Santiago de Compostela

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