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El robo de Chipre y nuestros robos


Chipre es el último sobresalto. Y creo que para un lego en la gran economía merece tres reflexiones. Primera: lo acordado el sábado en Bruselas es una cerdada: solo los ladrones meten la mano en la cartera de los demás y en Chipre lo van a hacer con ese impresionante trabuco de legalidad que es el respaldo europeo. Estoy también de acuerdo en que es muy lamentable, indefendible, que se haya derrumbado la tranquilidad de los depósitos bancarios. Es muy triste que unos señores políticos decidan el futuro de un pueblo que no gobiernan. Es injusto que a quien ahorró algo con sacrificios y privaciones pretendan meterle ahora una dentellada en su patrimonio. Y es todavía más injusto ver que siguen pagando los de abajo, que no han participado en las decisiones ni son responsables de los errores de otros.

Segunda: discrepo de todas las voces, incluso de economistas, que ayer se lanzaron a anunciar la hecatombe bursátil y del riesgo país antes de que abrieran los mercados y han creado alarma, sin mayor criterio ni documentación. Es irresponsable que dirigentes como Jean Claude Juncker, que fue jefe del Eurogrupo hasta hace dos días, alarme todavía más al avisar de un posible «derrumbe de la confianza, no solo entre los bancos, sino entre los ciudadanos». Censuro a los líderes europeos que adoptan medidas desproporcionadas al tamaño real del problema, porque el agujero de Chipre (17.000 millones de euros) no llega ni a la facturación de bastantes grandes empresas españolas. Y, porque no saben encontrar una solución mejor, llevan el pánico a los mercados, crean incertidumbre y sitúan a economías como la española al borde del abismo.

Y tercera: hay quitas peores que las que van a sufrir los chipriotas. El impuesto especial con que los castigan Europa y el FMI es muy alto, pero se paga de una vez y con un dinero que se tiene. En España puedes perder tu casa porque no tienes nada en la cuenta y sigues endeudado toda la vida. Millones de ciudadanos están sufriendo otras quitas desde hace años: disminución de salarios con la consiguiente pérdida continuada de poder adquisitivo; un catastrazo feroz que hace que en bastantes municipios se pague el doble de IBI cuando la vivienda vale la mitad; el copago sanitario; la disminución y empeoramiento de los servicios públicos; las subidas del IRPF, del IVA y algún que otro impuesto camuflado. ¿Y quieren decirnos que esto que ya sufrimos puede empeorar por lo de Chipre? Si es así, hay que replantear todo. Incluso la existencia del euro, porque una moneda que se tambalea por los 17.000 millones de Chipre (menos de lo que perdió Bankia el año pasado) no parece una moneda de mucha solidez.

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