Modelo de sacerdote


L a muerte de Jaime Vaamonde Souto, párroco de Santa María y Santiago en A Coruña y canónigo de su colegiata, acontece poco antes de la celebración del Día del Seminario. Del sacerdocio no se puede hablar en abstracto, porque es una forma de vida, no una profesión. No hay mejor campaña vocacional que presentar la vida de quien fue un sacerdote ejemplar. De eso saben mucho las gentes de A Xunqueira, en Vilagarcía, adonde llegó para ser el primer párroco en 1972, poco después de ordenarse cura. Allí puso en marcha la Pascua Xoven, un referente todavía hoy en pastoral juvenil, y el grupo musical Airiños.

Qué decir de los Encontros de Música Relixiosa, concebidos para fomentar la composición de música sacra en gallego, de su etapa como vicario episcopal de Pontevedra, o de los 15 años como párroco de la pontevedresa Santa María la Mayor. A la ciudad herculina había llegado el pasado verano, para estar cerca de su natal Santa María de Cutián (Cesuras) y así recibir el cuidado de su familia.

Jaime formó parte de la generación de sacerdotes a la que correspondió poner en práctica el mensaje transformador del Concilio Vaticano II. Vivió con pasión y alegría su sacerdocio, hasta el último momento. Y confió en los laicos, no como meros subordinados sino como auténticos co-responsables de la vida eclesial.

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