Los gallegos merecemos un Parlamento más cortés, gentil, instruido y educado. Repugna tanta gresca y pendencia, tanto alboroto y confusión. Nunca pensé que la democracia llegaría a esto: un totum revolutum donde lo que importa no es el debate, las ideas o la opinión, sino la pose del exabrupto. Me duele mucho ver a Beiras en este juego. El resto de la oposición, con Yolanda Díaz a la cabeza, ejercen de turiferarios de este Ulises de pelo blanco, que antes -cuando era abril, incluso para mí- citaba a Camus y recordaba a Homero. Produce hastío la zafiedad de algunos. Y pereza que se repita siempre este belicismo dialéctico. La bullanga está bien para las tabernas, las hace divertidas y amenas, en el Parlamento produce una sensación de burla y deterioro. A mí me molesta que las tribunas de invitados se utilicen para gritar, para amenazar, y que se sean el quinto partido político de la cámara: nadie los votó para ello. Me molesta que este sea nuestro espejo: porque creo que Galicia es más culta y amable. Me molesta que la noticia sea la tremolina, y no lo que los parlamentarios proponen o disponen. Merecemos otro modo de entender la representatividad del pueblo. Porque cuando aquellos a los que elegimos para representarnos se comportan de este modo, algo huele a podrido en nuestra democracia. Y cuando la democracia se pudre, solo queda el llanto o el silencio