Elecciones candentes


La incertidumbre electoral no es solo un problema en los países al norte del Mediterráneo. Si el resultado de los comicios en Italia mantiene en vilo a sus ciudadanos por el temor de que una excesiva división haga inviable su gobierno, y la segunda vuelta en Chipre inquieta por el miedo a que agrave la crisis griega, la convocatoria de elecciones legislativas por el presidente egipcio, Mohamed Mursi, y el anuncio de negociaciones para constituir un Gobierno tecnócrata en Túnez, por el primer ministro Hamadi Yebali -en contra de su partido y sin el apoyo de sus socios de Gobierno-, antes de organizar nuevos comicios, auguran más tensión y conflicto social. A pesar de que, tras la aprobación de la nueva Constitución en Egipto se esperaba esta convocatoria, el proceso está siendo muy cuestionado por la oposición. A la falta de solución a los graves problemas que provocaron la caída de Mubarak y las movilizaciones ciudadanas, se une la lucha enconada entre islamistas y laicos. Los partidos opositores dudan sobre la transparencia del proceso y posterior recuento y exigen una nueva ley electoral, y un Gobierno de consenso para supervisarlo. Si boicotean el proceso negándose a participar, una victoria islamista más contundente solo garantizaría la estabilidad del Gobierno si el Ejército lo apoyase, pero podría llevar al país al caos e incluso a una guerra civil.

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