La peor reforma laboral de la historia


Resultan incomprensibles las declaraciones de Fátima Báñez, la ministra de Trabajo que nunca trabajó, y del presidente Rajoy diciendo que su reforma laboral «está funcionando muy bien». Incomprensibles e indignantes cuando se realizan inmediatamente después de que la EPA demostrase que el año 2012, el año de aplicación de su reforma, ha sido catastrófico para el empleo.

¿Cómo se puede decir que una norma funciona bien cuando se han destruido 850.000 empleos en un solo año? Más aún, la EPA también revela que donde más empleo se perdió fue, precisamente, entre los asalariados que son, obviamente, los directamente afectados por la reforma. El número de trabajadores asalariados cayó en 904.000, lo que hace del 2012 el peor año en el mercado de trabajo en toda nuestra historia, porque nunca antes, en ninguna crisis anterior, se había destruido tanto empleo en un solo ejercicio.

Delante de estos datos tan contundentes, proporcionados por un organismo oficial, la ministra primero y el presidente después defienden su reforma con argumentos no comprobables, meras opiniones no contrastables, que ni se esfuerzan en intentar demostrar, en un ejercicio de desprecio intolerable a la inteligencia de la gente. Su argumento fundamental es que sin la reforma la situación todavía sería peor y que gracias a ella ahora se destruye menos empleo que antes. Pero esto también es falso, porque sí hay datos que permiten hacer un análisis comparado de los efectos de la reforma en la destrucción de empleo. En concreto, se puede comparar la relación entre la caída del PIB y la destrucción de empleo en los dos años de recesión, 2009 y 2012. Esto es lo que en economía se llama elasticidad entre dos variable antes y después de la reforma.

En el 2009 el PIB cayó el 3,7 % y eso provocó una caída del empleo de 815.000 asalariados, el 5 % de los que había al comienzo del año. En el 2012 el PIB cayó el 1,4 %, pero la caída del empleo asalariado fue del 6 %, con la pérdida de 904.000 puestos de trabajo.

La diferencia es, por lo tanto, enorme. Por cada décima de caída del PIB en el 2009, antes de las dos reformas laborales, se perdieron 22.000 empleos asalariados. En el 2012 la cifra se dispara hasta los 65.000. Esto es, la ratio caída del PIB/destrucción de empleo se triplicó como consecuencia de la reforma laboral.

Por lo tanto, decir que la reforma Rajoy/Báñez está ayudando a que se destruya menos empleo es falso. Es exactamente lo contrario. Al facilitar y abaratar el despido en una fase de recesión se provoca una mayor destrucción de empleo para un mismo nivel de caída del PIB. Un resultado que ya sabía casi todo el mundo, menos el Gobierno.

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