España, ante el debate de hoy

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

Lamento decirlo, pero llevo muchos años haciendo el mismo pronóstico: asistimos al comienzo del debate sobre el estado de la nación con enormes esperanzas, y terminamos haciendo la crónica de la decepción. Al final se imponen las técnicas de partido, los oradores hacen discursos perfectamente previsibles y el país sale de su gran cita con los mismos problemas con que entró y sin perspectivas de solución. Tenemos derecho a exigir que este año no ocurra lo mismo. Primero, porque la situación de España no admite juegos políticos florales. Y segundo, porque el ponente principal es nuevo, se llama Mariano Rajoy y debemos esperar de él que aporte una forma distinta de analizar el estado de la nación y de convocar a las demás fuerzas políticas.

Los indicios no inspiran gran optimismo. Todos los días escuchamos del Gobierno palabras que sugieren que estamos a las puertas de la recuperación, mientras que la realidad nos golpea con datos negativos. Hoy mismo se puede leer que se ha presentado la segunda suspensión de pagos más grande de la historia. El mayor grupo de la industria turística está a punto de caer, con un ERE que afecta a casi 4.000 trabajadores, con lo cual la crisis ya causa víctimas en el sector más próspero. La suma de expedientes de regulación de empleo anuncia un agravamiento feroz del drama del paro. Las noticias del consumo indican que sigue la parálisis. Y los dichosos brotes verdes solo apuntan por el lado de las exportaciones.

En esas condiciones, el debate se enfrenta a un doble peligro. El Gobierno, que se siente acosado y empieza a hablar de conspiraciones para derribar a su presidente, se sentirá en la obligación de presentar un panorama edulcorado, con lo cual perderá credibilidad. La oposición, acuciada por su electorado, se sentirá en el deber de acentuar los tintes negativos, lo cual llevará a la sociedad a un estado de mayor depresión. Es lo que vemos cada miércoles en las sesiones de control y es lo que intuimos en las declaraciones de nuestros políticos. Un paso más en esta línea de comportamientos y nos encontraríamos en un callejón sin salida. Por lo menos, sin salida política.

Quiero decirles a los oradores de hoy algo que quizá sentimos la mayoría: no es momento de victorias partidistas. No es momento de planteamientos de intención electoral. No hay elecciones a la vista. Quedan tres años de legislatura por delante. Esta nación espera grandes discursos, por supuesto, pero necesita sobre todo grandes soluciones. A este debate habría que llegar con algún esbozo de acuerdo, que España necesita como el comer. Si cada partido va por su lado, en busca del éxito de un día, habrá sido una ocasión perdida. Otra gran ocasión perdida.