Que la enseñe Rubalcaba

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

14 feb 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Señores, ha surgido una nueva forma de relación entre la oposición y el poder: las declaraciones de renta. El Gobierno y su partido están encantados del paso histórico de Mariano Rajoy al publicar las suyas, y ese detalle se ha convertido en la forma de medir la honestidad, la transparencia y no sé cuántas cosas más de la clase política. Si Rubalcaba, por ejemplo, pide la dimisión de Rajoy, la respuesta del presidente viene a ser que no puede dimitir porque el líder socialista no ha publicado sus rentas. Supongo que en la próxima sesión de control, cuando Rubalcaba pregunte por el empleo, la respuesta será también que no tiene autoridad moral, porque sigue sin presentar sus papeles de Hacienda. Con las declaraciones de renta y patrimonio, el Partido Popular ha encontrado una mina de oro con la que espera combatir la caída de la economía, los fallos de moral pública, la crisis institucional y quizá la secesión de Cataluña.

El PP está tan feliz con su nuevo juguete ideológico, que lo incorporó a la red Twitter con un llamativo quelaenseñerubalcaba, que hace las delicias de los tuiteros. En la edición electrónica de La Voz se contó la reacción divertida de algunos, que asisten al espectáculo como si fuese un concurso de «a ver quién la tiene más larga». Me imagino los despachos de la calle Génova, recreados por fin en algo tan enriquecedor para la convivencia pública como el grito de la victoria: «Solo los del PP nos atrevemos a enseñarla». Y me imagino la sensación de trampa en que vive la oposición: si enseñan sus números, malo, porque siguen un camino marcado por la derecha; si no los enseñan, va a parecer que tienen algo que ocultar. ¡Singular batalla, propia de tipos ociosos y no de quienes tienen sobre sus espaldas el peso de la nación!

A rentazo limpio van a andar. La rentabilidad de una idea no se mide por su bondad objetiva o por las adhesiones sociales que suscite. Se mide, sobre todo, por su capacidad de fastidiar, herir o dejar tullido al adversario. Esta es la escala de medición del valor de las iniciativas políticas en este país: si solo ayuda a la moral pública, valor deleznable; si solo ayuda a la imagen de su autor, valor de un día, que se agota en cuanto se consume; si es susceptible de convertirse en arma arrojadiza contra el adversario, empieza a ser objeto de veneración; y si sirve como sustituto del muy manido «y tú más», entonces alcanza su máxima cotización en el mercado de adoquines de lanzamiento. Dicho lo cual, la economía ya tiene permiso para empeorar un poco más. Pueden cerrar otros centenares de comercios y puede suicidarse algún otro desahuciado, que el poder ya tiene respuesta: quelaenseñerubalcaba.

Somos un país insuperable.