L a encuesta realizada por Sondaxe que hoy pública este periódico confirma pe por pa las dos grandes intuiciones de cualquier buen conocedor de la política gallega.
La primera se refiere a la valoración de la Xunta y de su presidente, que sufren el natural desgaste de una gestión realizada en condiciones muy difíciles -con el presupuesto reducido en un 25 % y teniendo, por ello, que adoptar medidas de ajuste inevitables-, pero que, aguantan, pese a todo, mucho mejor que Rajoy y su Gobierno: mientras Feijoo pierde algo más de tres puntos en intención de voto, Rajoy pierde 10 según el CIS.
Así, no solo Feijoo sigue siendo el político mejor valorado (4,8 frente a 4 de Beiras, a 3,39 de Jorquera y 3,23 de Vázquez), sino que además los gallegos también juzgan mejor la labor de la Xunta que la de la oposición, pese a que, según esta, aquella estaría arrasando las conquistas sociales de las tres últimas décadas: la Xunta merece una valoración de 4,04, mientras la labor de la oposición queda claramente por debajo: 3,27 AGE, 3,01 el PSdeG y 2,96 el BNG.
Pero no es solo la valoración de la dinámica Xunta/oposición la que permite obtener importantes conclusiones, sino también la relativa a las tres fuerzas que se oponen a Feijoo. Y es que no solo los electores valoran mejor a Beiras que a Vázquez y a Jorquera y mejor a AGE que al PSdeG y al BNG, sino que esas valoraciones se mantienen entre los propios electores de cada uno de esos grupos: los electores de AGE puntúan mejor a Beiras y su labor de oposición, que los del PSdeG y el BNG, con clara ventaja de los benegistas sobre los socialistas. Para ser justos debe subrayarse, en todo caso, que son los electores populares los que otorgan a Feijoo y a su labor como presidente una mejor valoración.
De todo lo apuntado se deduce una intención de voto que, aunque debe ser tomada con prudencia (pues, además de que falta mucho tiempo para los próximos comicios, los votos en blanco y opacos y los abstencionistas suman un ¡57 %! de la encuesta) indica una apreciable caída del PP (que perdería la mayoría absoluta, al pasar de 41 escaños a 36), una nueva caída del PSdeG (de 18 a 17), el mantenimiento, bajo mínimos, del Bloque (7) y un subidón de AGE, que pasaría de 9 a 15 diputados.
Si esos datos se combinan con los de transferencia de voto (que demuestran que AGE mantiene a su electorado en mucha mayor medida que el BNG y sobre todo que el PSdeG) no es difícil concluir que los dos últimos están hoy presos de la política de oposición antisistema que AGE ha marcado en el Parlamento y en la calle. Una política que puede convertir a AGE, gracias a una masiva abstención, en la primera fuerza de la izquierda y conducir al PSdeG y al BNG al suicidio que algunos venimos pronosticando desde hace varios meses.