Cuidado, que se acostumbran

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

29 ene 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Lo más injusto, ¡qué digo!, lo más vergonzoso de este tiempo es lo siguiente: el señor Pérez Rubalcaba propuso un pacto por el empleo y se le respondió diciendo que no hay de dónde sacar esos 20.000 millones de que habla en su documento. Y lo malo no es que lo diga el Gobierno, que todavía no se pronunció. Lo malo es que lo empezaron a decir algunos de mis compañeros de oficio en tertulias y escritos, anticipándose al argumento de los gobernantes. Se nota que hemos sido contagiados por la fiebre de la austeridad administrativa y ese pensamiento conservador que encuentra fondos públicos para casi todo, menos para lo que tenga que ver con ayudas a los ciudadanos, sean currantes de salario mínimo o pequeños y medianos empresarios en dificultades.

Espero que el Gobierno del señor Rajoy no se acoja a esa línea de pensamiento, porque entonces será la oportunidad de recordar alguna cosa. Por ejemplo, que todo lo que pide Rubalcaba para empezar a combatir el paro de seis millones de personas es menos que el agujero de Bankia y los poderes públicos se lanzaron a taparlo. Es menos de la mitad de lo aportado por la línea de crédito europeo a nuestras entidades financieras en el famoso rescate bancario, y los poderes públicos todavía lo están celebrando. Y no llega a la cuarta parte de todo lo que el Estado español ha insuflado en la banca, sin que hayamos notado la menor mejora en la concesión de créditos, sino al contrario: cuando el precio del dinero que fija el Banco Central Europeo está más barato que nunca, las poquísimas hipotecas que se conceden pagan un interés pensado para ahogar al hipotecado.

Pero, claro, esas ingentes cantidades de dinero son para salvar al sistema financiero, que Rajoy ha calificado como el sistema arterial de la economía y el país. Además, son un préstamo, que ya veremos cuánto se devuelve. Los parados, ¿qué son? Unos ciudadanos que pueden esperar a que llegue la recuperación. Mientras, a los más resistentes a encontrar empleo se les puede tranquilizar con 400 euros al mes y temporalmente, no sea que vayan a comprar un coche. Y a los más jóvenes, más inquietos y más emprendedores se les dice que se organicen como puedan, que monten un chiringuito o que pongan un letrero de autónomos, que la generosísima Administración pública les hará un regalo: una cotización (tarifa plana, le llama la ministra Báñez) de 50 euros y también por seis meses, que luego se acostumbran.

¡Qué esfuerzo más enorme de nuestro paternal Estado! ¡Qué gran sensibilidad de la Europa merkeliana, tan dispuesta a socorrer al poderoso y tan cicatera en promover la recuperación económica! Traducido al gallego, se puede decir así: autoemprego, e deixádevos de chorar.