La revolución egipcia


El 1 de febrero del 2012, un partido de la liga de fútbol egipcia donde el Al Masry venció al local Al Ahly, acabó en masacre. La falta de cacheos previos y de control de las entradas así como la posterior inacción de las fuerzas de seguridad permitió que los hinchas visitantes, armados con cuchillos, espadas, bates y botellas se lanzaran al campo en persecución de los jugadores del equipo contrario, ocasionando 79 muertos y más de mil heridos. Un año después, los tribunales egipcios juzgaron a 73 acusados, entre ellos nueve policías y tres directivos del club Al Masry. Condenan a muerte a 21 de los procesados, quedando pendiente la sentencia de los 52 restantes. Entre los condenados a muerte no hay policías, lo que ha airado a los familiares de otros procesados que los acusan de instigar la venganza por el apoyo que los ultras prestaron a los contrarios de los Hermanos Musulmanes. Desde el inicio de la revolución no se ha dictado condena contra ningún miembro de las fuerzas de seguridad. La protesta de los familiares en los alrededores de la cárcel de Port Said se ha saldado con 28 muertos y 280 heridos. A esta violencia se une la de los manifestantes que, con ocasión del segundo aniversario de la revolución que logró el derrocamiento de Mubarak, protestan contra la parálisis gubernamental de los Hermanos Musulmanes. Los egipcios no han dicho la última palabra sobre su revolución.

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