Sobrespaña


Hace tiempo se acuñó el nombre de un país en ciernes. Españistán. Sin un norte. Y sin un lugar en el norte. Con solo dos opciones para cientos de miles. Marcharse o marchitarse. La tierra que nadie había prometido. Parecía imposible en aquellos tiempos en los que Aznar plantaba sus zapatos sobre la mesa de Bush y Zapatero pretendía jugar en la Champions de la economía mundial. Era Sobrespaña. Y lo sigue siendo. Aquí un sobre es mucho más que una preposición. Es una proposición. Marbella parecía la mancha, pero en realidad era un espejo. Un poco deformante, como en los parques de atracciones. Pero espejo, al fin y al cabo, de este mundo al revés. Existe un universo paralelo en el que la fortuna viaja en bolsas de basura. Y se reparte en sobres que buscan nombres y no direcciones, que tienen sus cartas marcadas. Las bolsas y los sobres salen de este pequeño infierno terrenal y vulgar para acabar en paraísos fiscales. Veintidós millones de euros había en una cuenta suiza de Bárcenas. La cantidad, enorme sin necesidad de comparaciones para cualquiera que no figure en la lista Forbes, se agranda si se usan ciertas varas de medir. Cinco millones intenta ahorrar María Dolores de Cospedal con el cierre de urgencias nocturnas en Castilla-La Mancha. Menos de un cuarto del botín que guardaba el extesorero popular en un banco helvético. La ecuación no debería asombrar. Es lo lógico cuando las cúpulas de los partidos utilizan el poder para buscar el bien común de los partidos, cuando se gobierna para resistir y para volver a gobernar. Porque gobernar es el objetivo en sí mismo y no el mecanismo para mejorar la vida de los ciudadanos. En resumen, Sobrespaña. Y camino de Españistán.

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