Sé que cuanto voy a decir no merece el aplauso de la mayoría crítica, pero debo decirlo. Se cumplen cuatro días de la publicación de pagos en negro en la sede del Partido Popular. Desde entonces, el globo se ha hinchado y creo que no quedará ningún español que no esté convencido de que la calle Génova, número 13, de Madrid era una especie de pesebre donde, al decir del exdiputado Jorge Trias Sagnier, los dirigentes del PP iban a por su ración de dinero negro tras los maitines de los lunes. Los tesoreros abrían su cajón y repartían sobresueldos con generosidad tasada según la relevancia del tomante. Esa es la verdad publicada y aceptada por casi todo el mundo sin mayor análisis. De esta forma, el caso Bárcenas se transformó en caso sobresueldos y el PP se vio envuelto en una espesa nube de acusaciones de corrupción.
Pero hay otra forma de verlo. Se cumplen cuatro días de la publicación, y no ha salido un solo nombre al que se pueda acusar de haber cobrado. El gran testigo que se atrevió a confirmar los pagos es el exdiputado Trias Sagnier, pero habla como un periodista: «Queremos saber la lista de donantes y la de receptores». ¿Es que él no conoce ninguno? Por ignorar, se ignora incluso el tiempo en que se hicieron los pagos: pudo haber sido con Fraga, con Aznar. Yo confieso a mis lectores que desconozco si estamos ante una gran corrupción o en un fabuloso invento con pintas de veracidad. Si no dispongo de la menor prueba de los pagos, tengo escrúpulos profesionales para acusar.
Puestas ambas versiones en la balanza, que no se engañe el señor Rajoy: pesará más la que más le perjudica. La acusación de robar tiene mucho crédito en este país por lo mucho que se ha robado. O sea, que el PP seguirá teniendo el mismo problema. En esas circunstancias se comunica la gran decisión: «Investigación interna que será sometida a una auditoría externa». Me sobra la mitad de la frase. Me sobra la investigación interna. Una auditoría significa que la empresa auditada abre sus libros de cuentas al auditor: los ingresos de cualquier tipo y los pagos. Si al auditor solo se le facilita la investigación propia, falla la base de documentación. No se auditan las cuentas, se audita la investigación, y no es eso.
Con los debidos respetos, déjense de argucias. Los ciudadanos necesitamos creer que la limpieza va en serio. Necesitamos que no quede sombra de duda para recuperar la confianza. Y, apreciado señor Rajoy: usted es el primero que necesita que su honestidad política y personal quede reafirmada en esta dura prueba a que está sometido. Un defecto en la busca de la verdad puede hacer que triunfe la versión que más le perjudica. Es decir, la que acusa sin tener pruebas que aportar.