De Naseiro a Bárcenas pasando por Gürtel

OPINIÓN

Si yo fuese el profeta Jeremías, enviado para llamar al arrepentimiento del pueblo español, empezaría mi libro con estas viejas palabras: «Nihil novum sub sole». Porque para un partido que se benefició a caño abierto del estercolero recaudatorio que generó Naseiro, de la mina de oro que fue Gürtel, y del inefable pantano de corrupción gestionado por Bárcenas, es evidente que el escándalo del dinero B no es más que un corolario que todo el mundo formulaba con aterradora normalidad.

Lo que ahora se publica con tintes de escándalo y al socaire del grave momento de la crisis es algo que sabían las numerosísimas empresas que tuvieron que pagar la correspondiente mordida a quien se presentaba como «el maletín del partido», que tampoco se le ocultaba a quien analizase con un lápiz y un trozo de papel de estraza los gastos del partido, y que tampoco ignoraba el Tribunal de Cuentas del Reino, que todos los años suelta un responso condenando la contabilidad de los partidos -hecha en A y B a la vista del respetable-, pero que jamás desembarcó en ninguna sede para auditarla. Y eso es así para el PP de la calle Génova, para los PP de Baleares, Valencia y Madrid, e incluso en Galicia, donde el mismo secretario general que pagó en negro su actual sede regional, tenía a su servicio un Audi A8 que no se lo salta ni Obama.

Lo que no teníamos eran pruebas. Y siento mucho decirle que ahora tampoco las tenemos. Y lo que antes nos temíamos, y ahora seguimos temiendo, es que todo termine en agua de borrajas, ya sea porque las pruebas no inculpan a nadie, o porque solo se concretan en chivos expiatorios, o porque otro error procesal magistralmente aprovechado mande todo a la misma estantería donde duerme el caso Naseiro, o porque el caso Gürtel siga la escondida senda por donde ha ido el señor Camps, que en vez de condenado acabó doctorándose en Derecho.

Dado que hoy le toca al PP, que ya era hora, no diré que en el PSOE y en CiU pasa lo mismo. Pero sí recalcaré que la indignación que ayer volvió a llenar de manifestantes la calle Génova no va a ser la que regenere un país que lleva mucho tiempo dejando que su clase política se regodee en el estiércol, presuma de fidelidad a sus colores y líderes en vez de presumir de honradez e inteligencia, y alimente este juego de gato y ratón en el que todo queda encomendado a que fallen escandalosamente los controles preventivos y sancionadores.

Porque de momento sigue siendo verdad que Naseiro y Bárcenas entraban todos los días en Génova con sacos cargados de billetes más negros que mis pecados, y nadie -ni Fraga, ni Aznar, ni Rajoy- los vio pasar. Y que a nadie le extrañaba nada que le diesen un sobre mensual de entre cinco y quince mil euros en billetes -«toma, chaval, para café»- que resultaron ser tan negros como los que llevaron al penal a Al Capone.