El modelo Alcira


El modelo Alcira es la expresión coloquial utilizada para referirse a la construcción y gestión privada de hospitales y centros públicos. Fue Eduardo Zaplana quien inició la experiencia a través del hospital público de Alcira en la Comunidad Valenciana, al que siguió después Esperanza Aguirre construyendo ocho hospitales en la Comunidad de Madrid, que ahora refuerza y completa Ignacio González privatizando su gestión. La señora De Cospedal también se apresura a iniciar la experiencia en Castilla-La Mancha. Esta colaboración público-privada, justificada en principio para mejorar la eficiencia en la gestión sanitaria, es la opción que prioriza y defiende con entusiasmo el Partido Popular. Pero los argumentos contrarios son también contundentes. Intentaremos resumir ambas cosas pese a las dificultades que ofrece un espacio tan limitado.

El modelo Alcira tiene ya su historia. Varias empresas constituyen una UTE y ganan el concurso para construir y gestionar un hospital público. La empresa recibe a cambio un canon anual que se cuantifica multiplicando la población asignada al centro por una cantidad de euros por habitante (inicialmente, 225). La empresa puede así ganar o perder. En los primeros años el hospital tuvo pérdidas continuadas que no pagaron los accionistas sino la Administración vía rescate. Se celebra otro concurso y ganan los mismos. La cantidad a pagar por habitante es entonces de 379 euros (2003). En la actualidad, la cifra llega a 639 euros. Desde entonces el hospital obtiene beneficios porque el canon aumenta, pero también porque su personal trabaja más horas y cobra menos, por atraer pacientes de otras áreas con patologías menores, por contratar cirujanos renombrados, por alojar enfermos pudientes en habitaciones individuales, etcétera. Atraer pacientes de otras áreas y defender el copago supone recursos adicionales que la empresa defiende.

¿Es más eficiente la gestión sanitaria privada que la pública? No en el hospital de Alcira, donde el coste por habitante asignado son 639 euros, mientras esa cifra es en los hospitales públicos de 600 euros. Pero esta comparación es equívoca. En los hospitales públicos existen dos colectivos básicos: enfermos y trabajadores sanitarios. En el hospital de Alcira, además de los colectivos citados, existen accionistas con beneficios millonarios que se logran a costa de reducir salarios y ensanchar trabajos. Y la puerta giratoria está engrasada. El señor Burgueño, impulsor del hospital de Alcira, es hoy director general en la Comunidad de Madrid encargado de privatizar sus hospitales públicos. Boi Ruiz, conseller de Salut en Cataluña, era presidente de la patronal de hospitales concertados. Nuestra sanidad pública vive sustos sin precedentes y depende ya de los fondos de capital riesgo.

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