El fracaso de la reforma laboral de Rajoy

E n España nada se ha reformado más que el mercado de trabajo, que ha sufrido hasta 52 cambios normativos desde 1984. Cada presidente del Gobierno pretendió resolver los problemas del empleo con una reforma laboral. Y todos han fracasado, incluido Mariano Rajoy. Porque los resultados de diez meses de aplicación demuestran con total rotundidad que la reforma Rajoy ha resultado un fiasco absoluto en todos sus objetivos declarados. El PP defendió su reforma diciendo que introducía flexibilidad en las relaciones laborales y eso ayudaría a crear empleo, haría del despido la última opción de las empresas y se reduciría la dualidad del mercado de trabajo, mejorando la estabilidad en el empleo.

Ninguno de esos tres grandes objetivos se ha conseguido sino todo lo contrario. Los últimos doce meses, diez de ellos ya con la reforma en marcha, han sido desastrosos para el empleo, tanto en Galicia, donde se destruyeron 40.000 puestos de trabajo, como en el conjunto de España, donde se perdieron 840.000. Es cierto que la razón fundamental de este destrozo laboral fue la recaída de la economía en recesión, empujada por las políticas de recortes del Gobierno, pero la reforma laboral solo empeoró las cosas. Un dato lo demuestra. Donde más empleo se perdió fue entre los trabajadores asalariados, que son, obviamente, los más afectados por la reforma.

Tampoco ha servido para reducir los despidos, sino todo lo contrario. En los diez meses de aplicación de la reforma, el número de despidos se disparó un 30 % sobre el mismo período del año anterior, con la particularidad de que todo este aumento se concentró en los despidos objetivos, individuales y ERE, los que tienen la indemnización de 20 días por año con el tope de una anualidad. Es decir, al hacer más barato y más fácil el procedimiento, las empresas han despedido más.

La reforma ha sido inútil para combatir la precariedad laboral, la dualidad del mercado de trabajo y el uso y abuso de la contratación temporal. Porque a pesar de la reducción del empleo asalariado, se formalizaron casi 600.000 contratos en Galicia hasta noviembre, una cifra que llega hasta los 12 millones en el conjunto del Estado. Eso sí, casi todos precarios, porque solo 4 de cada 100 fueron de carácter indefinido. Tal vez la prueba definitiva del fracaso del Gobierno es que el contrato estrella de la reforma, el contrato de emprendedores, ha resultado un fiasco absoluto. En esos doce millones de contratos en toda España solo 60.000, el 0,5 %, son de este tipo.

Lo más sorprendente, e indignante, es que ante estos datos oficiales que certifican la tragedia laboral que ha sido 2012, el presidente Rajoy y la ministra Báñez se atrevan a decir que la reforma va bien. O son unos irresponsables indocumentados o, a lo peor, tienen razón y efectivamente la reforma está consiguiendo lo que ellos realmente pretendían desde el principio: debilitar a los trabajadores para imponer su modelo antisocial.

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