Nochebuena es palabra que se saborea: llena de ternura y afecto; de jubilosa realidad y gratos recuerdos, de alegría y encuentro, de mesa y mantel. Anuncia la Navidad. Los cristianos celebramos que Dios viene al mundo. Una estrella, un pesebre; un buey, una mula; unos pastores, unos magos; san José y la Virgen: todo anuncia un Niño. Aquel que en Belén partió la historia en dos. Aquel cuyo nacimiento pregona: ¡Paz en la tierra a los hombres que Dios ama! Dios viene a todos. No hace distingos.
Por este mensaje universal de paz, la Navidad está enraizada en lo hondo de nuestra cultura: es de creyentes o no. Con sentimiento religioso o sin él, Navidad es tiempo de amar. Amor a Dios que exige amar al hombre. Por ello, es tiempo de buenas intenciones y debe inspirar el deseo de compartir con otros su felicidad y conllevar su dificultad. Dios nace siempre en el portal de al lado. El nuevo año promete muchos problemas. Todos nos necesitaremos mucho. La ayuda vendrá, en gran medida, de esos con los que compartimos la cena de Nochebuena. La familia y los íntimos son el soporte de las dramáticas situaciones que sufrimos. Esta noche brillará una esperanza. Es la luz de la Navidad.