Escribo al mediodía de la fecha prevista para que tenga lugar el fin del mundo, el fin de los tiempos, el final de la historia. Escribo desde la efemérides de la celebración del primer año de Gobierno Rajoy. Zapatero era una de las señales que según todos los indicios preceden al final. No sé la hora exacta del Armagedón, ni cuándo tendrá lugar la Parusía.
Acaso los mayas hayan errado en su cálculo y no sean tan precisos, pero lo cierto es que el mundo conocido se está acabando, y se han multiplicado como en un castigo bíblico, siete veces siete, los cuatro jinetes primigenios del apocalipsis,
Han mutado apropiándose del mundo del dinero y las finanzas, han modificado los mil nombres de la muerte, han incrementado el sufrimiento y la miseria, el dolor y el sacrificio, condenando a millones de personas al paro y a la desesperación.
Son algunas de las señales que preceden al día del juicio, las primeras trompetas que suenan insistentemente, las mismas que escribió Gonzalo de Berceo y están miniadas en el Beato de Liébana, escenas labradas en el pórtico de Notre Dame de París, anunciadas, pintadas por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina con Cristo heliocéntrico presidiendo desnudo con toda la pureza de su cuerpo interpretado desde el neoplatonismo del genial artista, o desde la oscuridad de El Bosco reflejada en el tríptico del juicio final que pude ver en la Pinacoteca Vieja de Múnich.
Son demasiados indicios, se acaba el mundo aunque en el código de barras no se lea bien la fecha de caducidad, se pervierten los valores que han soportado los pilares de la Tierra que vemos tambalear, emerge un nuevo discurso que infantiliza todos los análisis. Somos víctimas de un tsunami tecnológico mientras África se convierte en un gigantesco cementerio de desechos de la técnica que envejece a pasos agigantados, es un Armagedón aplazado, pospuesto pero creciente, mientras contaminamos los ríos y los mares y convertimos el planeta en un gigantesco basurero.
La codicia de los hombres, las modernas sociedades duales con crecimiento exponencial de la pobreza son otro de los signos que preceden al final.
Escribo al mediodía del día señalado; seguramente existió un fallo en el cálculo y hoy, el día después, la lotería reclama toda nuestra atención, que no impide recordar que hace dos mil años nació Jesús en Belén. Y yo me felicito y lo comparto con ustedes. Feliz Navidad.