Hay personajes que permanecen olvidados en bibliotecas perdidas. Hay autores que caen en desuso. Que se pierden con el tiempo. Es una pena, porque la historia de la literatura está llena de genios emboscados. El inglés Julian Barnes reivindica a un francés. A Jules Renard. Tiene toda la razón. Jules Renard, que durante mucho tiempo reinó en los calendarios, es hoy un desconocido. Sí, reinó en los calendarios, porque sus frases tienen tal pegada que se utilizaban una y otra vez como fogonazos para adornar calendarios y postales. Renard, a caballo entre el siglo XIX y el siglo XX; manejaba las palabras como el mejor jugador de póker los ases. Nació un día 22 y murió un día 22. Ramón Gómez de la Serna reivindicó en su día a Renard como pionero en las greguerías. Y así como Enrique Vila-Matas dice que Gómez de la Serna sería hoy un fenómeno en Twitter, está claro que Renard sería auténtico rey. «Las palabras no deben ser más que el traje rigurosamente hecho a medida del pensamiento», por ejemplo. Imbatible en la frase corta, dejó tantas este autor de un diario exquisito que es difícil elegir una: «La palabra justicia es la más bella del lenguaje humano». O «la felicidad consiste en buscarla»