Tanto esfuerzo para esto

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

T ensionaron a la sociedad gallega. Crearon división entre la Galicia del norte y la del sur, como si fuera un conflicto entre hermanos. Provocaron disensiones entre partidos y organizaciones sociales. Obligaron al Gobierno de la Xunta a gastar unas energías que eran necesarias, por ejemplo, para afrontar la crisis ganadera o el empuje industrial. Forzaron una fusión que resultó traumática por razones conocidas. Exigieron una angustiosa búsqueda de capital privado en un tiempo que no está para inversiones. Impusieron un cambio de reglas mientras se jugaba el gran partido de la reforma bancaria. Nos hicieron concebir la ilusión de que era posible una banca gallega. Y cuando se había conseguido todo eso, ¿qué ocurrió?

Que la lenta Europa, la increíblemente lenta Europa, parió una decisión fría, sin sentimientos ni referencias territoriales y sin más criterio que el groseramente economicista. Y un español, Joaquín Almunia, tuvo que ser su ejecutor y portavoz para más escarnio. A Novagalicia Banco se le dibuja el horizonte exactamente contrario al que inspiró su creación. La gran defensa de la fusión de las cajas era que se creaba una entidad fuerte y competitiva como fuerza financiera de la comunidad. El desenlace de la decisión europea dicta que en cinco años Novagalicia debe ser integrada en otra entidad. O algo peor: se debe proceder a «una liquidación ordenada».

Deseo equivocarme, pero esto es como una sentencia de muerte que se ejecutará a plazo fijo: dentro de cinco años. Y mientras llega el verdugo, que funcione la tortura: la red de oficinas, reducida a la mitad; el volumen de activos, disminuido en un 60 %; los despidos se elevarán a los 2.000, y poco me importa que sean escalonados o de golpe, y los titulares de preferentes, esa estafa perfectamente organizada, a esperar a ver qué quita les hace el Gobierno central, porque hay 37.000 millones para el rescate de la banca, pero no hay un euro para devolver lo suyo a un cliente.

Esto es lo más parecido a una villanía. Y después el mismo señor Almunia dice no sé qué de inversores privados. No os dejéis engañar: si quisieran seducir a inversores privados, no mencionarían la liquidación ordenada. ¿Quién va a invertir en algo que puede ser liquidado? La única verdad es que Galicia continuó ayer por la senda de la desaparición de su sistema financiero propio. Empezó a ser destruido por la actuación de los gestores de las entidades. Siguió por una serie de reformas políticas que no sabían adónde querían llegar. Lo remató la necesidad de sanear todo el sector. Y esta Europa desesperante en su lentitud hace que todos los esfuerzos de tanta gente no hayan valido para nada. No queda ni la melancolía.