La última ocurrencia


Las desgracias nunca vienen solas. A ver si nos aguanta el cuerpo porque vamos de disgusto en disgusto. Aún sin reponernos por saber que en el portal de Belén no había ni mula ni buey, con la de panxoliñas que les cantamos, ahora nos vemos abocados a hacer frente a la última ocurrencia Gallardón, que consiste en que el que pueda pague la Justicia y el que no, que siga la recomendación de Andreíta Fabra para los parados.

Cuando más necesitamos de la Justicia, porque la situación es la que es, nos ponen en práctica la ocurrencia del eficiente Gallardón. Un ministro que, por lo visto, no se ha enterado de que en este país uno de cada cuatro españoles vive por debajo del umbral de la pobreza y que empresarios y profesionales están tan ahogados que no pueden hacer frente ni al recibo del agua como para tratar de irse a los tribunales.

La ocurrencia llega en el peor momento. Cuando ya no tenemos fuerzas para muchos más trastazos. Porque vamos de disgusto en disgusto. Después de lo de la mula, el buey y Gallardón, solo falta que cualquier día nos digan que Platero, el de Platero y yo, tampoco existió. Que fue una ocurrencia de Juan Ramón Jiménez. Y es que entre bueyes y pollinos no ganamos para disgustos.

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La última ocurrencia