Del oasis catalán a la pregunta de Zavalita

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN

20 nov 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Resultaría cómico, si no fuera grotesco, el entusiasmo cercano a la euforia con el que la prensa de Madrid saluda los sondeos sobre intención de voto en Cataluña. La posibilidad de que Artur Mas no alcance este domingo la mayoría absoluta que reclamaba para convertirse en el Moisés que abriría las aguas les provoca a algunos tales espasmos de placer que les resulta imposible mirar más allá de esos 62 escaños en los que CiU podría quedarse clavada. Esta atolondrada reacción se mueve entre el ya lo advertía yo y el a ver qué hacen ahora después de este ridículo. Todos muy contentos con el fracaso personal de Mas. Pero nadie parece preocuparse por lo que ocurrirá al día siguiente de las elecciones si se confirman esos sondeos. Porque, sí, el patinazo del líder de CiU puede convertirse en el viaje a ninguna parte que lo inhabilite para seguir siendo el presidente de la Generalitat. Pero, para desgracia de muchos, muerto el perro no se va a acabar la rabia.

Lejos de poner fin al problema catalán, el panorama que dibujan estas últimas encuestas es todavía más espeluznante que el de una Cataluña guiada hacia el precipicio con mayoría absoluta por un líder mesiánico que oculta su incompetencia política debajo de una enorme bandera. ¿Acaso no resulta más inquietante para los defensores de una Cataluña autónoma, pero inmersa en España, el paisaje de una CiU con sus naves quemadas, a merced del independentismo enragé y carente de seny de ERC y obligada a culminar a cualquier precio su alocada huida hacia adelante? El independentismo no solo va a crecer, sino que sumará una abrumadora mayoría absoluta cercana a los 82 diputados. ¿Tienen motivos para sonreír un PSOE que confirma su abracadabrante viaje a la marginalidad y un PP que ha tocado techo y sigue siendo irrelevante en Cataluña? No parece.

En el fragor de esta batalla de enanos políticos, resulta difícil detenerse a estudiar cómo es posible que aquel oasis catalán del que se hablaba hace no tanto, para diferenciarlo del brutalismo político y económico del resto de España, se haya convertido de pronto en el hazmerreír de Europa. Probablemente no haya otro lugar en el mundo en el que sea posible convocar unas elecciones en medio de una recesión económica sin precedentes y que durante la campaña se hable mucho de independentismo, soberanismo, federalismo o unidad indivisible de la patria y nada sobre economía. Produce congoja y solidaridad con los catalanes pensar que un pueblo tan admirable y un territorio con tantas posibilidades se encuentre en la ruina económica y social por la decadencia de su clase política, que diría el juez Pedraz. Ante ese deprimente panorama, lo único que cabe cuestionarse es aquello que se preguntaba Zavalita sobre el Perú en el memorable arranque de la monumental Conversación en la Catedral, de Mario Vargas Llosa. ¿En qué momento se jodió Cataluña?