El error de Mas

Carlos G. Reigosa
Carlos G. Reigosa QUERIDO MUNDO

OPINIÓN

19 nov 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

El presidente de la Generalitat catalana, Artur Mas, esperaba más errores y más ruido por parte del Partido Popular cuando se lanzó a toda máquina en busca de lo que ahora llama «Estado propio» (y menos ya «independencia de Cataluña»). Esperaba que el PP se convirtiese en una jaula de grillos, con Aznar, Mayor Oreja, Esperanza Aguirre u otros ilustres echados al monte. Pero de momento Mas y los suyos se han equivocado, porque los populares no han caído en la trampa (o al menos no han caído de momento) y el presidente Rajoy sigue empuñando las riendas sin grandes controversias internas.

De este modo, la percepción que se impone es la de que el papel de montaraz radicalizado se lo ha adjudicado a sí mismo el propio Artur Mas, que ha pasado de ser un heredero del equilibrista Jordi Pujol a convertirse en un compañero de correrías de Joan Laporta. O casi. El desafío de Mas es claramente desproporcionado, aunque tenga su lógica electoral. No en vano ha recuperado todos los puntos perdidos a causa de la crisis económica y se dice que roza la mayoría absoluta? si el globo no se deshincha.

En realidad, la estrategia de confrontación abierta por Artur Mas solo podría acabar teniendo éxito si la ambición de Aznar se desatara y lo llevase a querer aprovechar la coyuntura para volver al poder. Creo que es algo claramente descartable, pero por ahí sobrevive todavía un viejo refrán que dice: «Nunca digas de esta agua no beberé». De momento, todo es miel sobre hojuelas en el PP, y Rajoy, enrocado en la prudencia, acierta al no acudir al frente con ánimo belicoso. Porque en mi opinión la batalla conceptual sobre el futuro de España la va a ganar el que tenga más seny, es decir, más sentido o cordura en el proceso abierto. Paradójicamente, esta vez los mejores representantes del seny no parecen ser Artur Mas, ni Oriol Pujol, ni otros abanderados de todavía no se sabe qué forma de separatismo catalán. Pero el futuro aún no está escrito.

Yo siempre he defendido -y sigo haciéndolo- que el estatus de Cataluña como comunidad autónoma no puede estar en el mismo nivel de otras comunidades surgidas del «café para todos». Esto, que un día fue una solución, hoy es un problema que se puede y se debe solucionar sin que nadie se eche al monte. Es decir, con mucho seny.