Homosexuales ahorcados


En julio del 2005 las Cortes aprobaron la reforma del Código Civil que legalizó el matrimonio entre personas del mismo sexo. Esta medida, que convierte a la sociedad española en un ejemplo de tolerancia sexual para el mundo, se la debemos a Zapatero. A esta medida se opuso especialmente la Iglesia católica, una institución a la que, por cierto, mimó el socialista Zapatero otorgándole más beneficios económicos que ningún otro Gobierno desde la aprobación de la Constitución en 1978. También se opusieron Unió Democrática de Catalunya y el Grupo Popular con la única excepción de la diputada Celia Villalobos. Si cambiamos de escenario, por las mismas fechas en que aquí se aprobó el matrimonio homosexual, Ayaz Marhoni y Mahmud Asgarí, árabes iraníes, según un informe de Amnistía Internacional, fueron ahorcados, el 19 de julio del 2005, en una plaza de Mashad. Eran menores de edad y fueron ejecutados por realizar actos sexuales de mutuo acuerdo. Unos días antes de que el Tribunal Constitucional decretara válido el matrimonio homosexual, José Manuel Lucía Mejías presentó en Madrid su excelente poemario Y se llamaban Mahmud y Ayaz. Escribe Lucía Mejías: «Fue necesario un juicio / y la rápida sentencia de muerte. / Y nuestro silencio, no lo olvidemos. / Fue también necesario nuestro silencio». ¿Es imaginable que el Gobierno presidido por Rajoy condene públicamente estos crímenes que, con nuestro silencio, se siguen perpetrando en el mundo?

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