Señor directivo de una entidad financiera cualquiera o incluso señor expresidente de una caja de ahorros cualquiera:
Con el cadáver de Amaia Egaña todavía caliente y con el incómodo recuerdo del quiosquero de Málaga todavía presente, hoy me pregunto si concilia usted bien el sueño. Me provoca mucha curiosidad saber cómo digiere su responsabilidad en esta crisis cuando se apagan las luces de la sala de juntas y tiene que enfrentarse en solitario a su conciencia. Algunos de ustedes están respondiendo ante un juez por las indemnizaciones que cobraron, pero nada sabemos de la gestión íntima que están haciendo de esta crisis ni si en algún punto de su pensamiento la sensación de que son culpables resulta insoportable. ¿Ha dado algún tipo de respingo al ver el cadáver de Amaia? ¿Al leer que hasta el Tribunal de Justicia de la UE considera ilegal el sistema de desahucios español? ¿Qué siente al observar en televisión esas imágenes terribles de policías arrastrando viejos para sacarlos de sus casas? ¿Soportaría mirar a los ojos a una de esas personas, a uno de esos daños colaterales de la debacle que en gran medida ustedes contribuyeron a provocar? Con la mezquina amabilidad con la que trata al poderoso mientras es implacable con el débil, el Gobierno les propuso hace unos meses un código de buena conducta que ha resultado ser una tomadura de pelo similar a la amnistía fiscal. Siguieron ejecutando desahucios al mismo ritmo que pedían dinero público para tapar el agujero de su mala gestión. Ninguno de ustedes ha dado la cara en estos días terribles para anunciar una tregua. Rajoy dijo el viernes que será mañana. Para muchos ya será mortalmente tarde.